
PORTUGAL.Cristina de Padua.
Salía de una ruptura sentimental.
Se acercaba el tiempo de las vacaciones y me sentía muy sola.
Uno de los problemas colaterales que produce la vida en pareja, a veces, es que se tiende a cerrar el círculo de amistades a la pareja.
Y no me gusta sentir miedo, porque soy muy miedosa y paso mucho miedo cuando siento miedo. Así que decidí irme sola de viaje para no sentir miedo del miedo que me producía la idea de irme sola a un viaje en soledad.
Salí con mi R 5 , una tienda de campaña y un libro. ¡Ah! ... y música.
Entré en Portugal y me fui haciendo con el paisaje y con la situación.
Fue una maravillosa experiencia. Conocí gente, recuerdo a unos hermanos panaderos que se iban a un encuentro religioso y a un hombre de 67 años que disfrutaba de su jubilación viajando de pueblo en pueblo y que me dio a conocer el vino verde. Disfruté de varias fiestas folclóricas (me encanta la música portuguesa).
Recuerdo también que un día me fui a visitar un castillo y había un grupo de gente acompañado por una guía y que me acerqué a ellos poquito a poco como tratando de ser una más y ¡estupendamente!, porque entendía perfectamente lo que durante unos veinte minutos pensé que era portugués pero que en realidad era italiano. ¡Qué más daba!.
Ese viaje me dejó una anécdota de las de contar... No, no es una fantasmada, me pasó de verdad.
Un tipo se puso pesado porque estaba empeñado en cenar conmigo y llegué a tener un poco de miedo (este no va con negrita) al ver que me seguía con el coche y decidí ir a la policía. ¡¡¡Me escoltaron dos motoristas hasta el campin!!!.
Me encantó ese país.
Han pasado muchos años...
Ya no tengo miedo a la soledad.




