Como la muchacha nunca había visto una cucaya, corrí tras una y se la traje. Quedó maravillada de aquel insecto, cuya enorme y suave luz no es intermitente.

- ¡Los ojos le brillan como luces de automóvil! - dijo alborozada como una niña colocándose el animalito en la palma de la mano.


Cuando, con súbito arranque, la cucaya emprendió el vuelo y yo quise atraparla de nuevo, ella me lo impidió...

- ¡Déjela! Que vuelva libre y feliz y que siga adornando el monte.
Fragmento de: Carazamba (Virgilio Rodriguez Macal)

Ecos


-Es una mujer libre y humilde, la vida le ha hecho ser así -
comentó ayer un señor refiriéndose a una de sus compañeras.
(... me quedé quieta al escuchar la frase. Una sensación de bienestar me llegaba desde fuera pero , al mismo tiempo, seguía resonando hacia adentro...)

Libre y humilde

(...admirables cualidades en una misma persona, pensé...)